Dos mujeres que trabajaron para Julio Iglesias en 2021 en sus residencias de República Dominicana y Bahamas denuncian experiencias de acoso sexual y abuso de poder por parte del cantante en unos testimonios que forman parte de una investigación llevaba a cabo por el elDiario.es y Univision Noticias que ha visto hoy la luz tras tres años de trabajo.
Una de las denunciantes, empleada del servicio doméstico, asegura que se sintió presionada y controlada durante su trabajo. “Me sentía empujada a hacer cosas sin opción a decir que no”, afirma. Según su relato, vivía en un ambiente de tensión constante: “A esa casa hay que llamarla la casita del terror porque es un drama, una cosa horrible”.
La mujer explica cómo negarse a cumplir ciertas demandas generaba humillaciones: “Cuando le digo que no quiero hacer algo, comienza a insultarme muy feo y a decirme que cómo no voy a estar con él, que hay muchísimas modelos muriéndose por estar con él y que yo, porque él me quería y me había cogido cariño, estaba siempre junto con él”. Recuerda que este le habría dicho que era una “princesa con suerte por estar en su casa”. Sobre el trato que recibía, añade: “Cómo voy a ser una princesa con suerte si trabajo más de 16 horas”.
La segunda denunciantes, que trabajó como fisioterapeuta personal, coincide en describir un clima de control absoluto. “Julio es una persona muy controladora”, afirma. Según su testimonio, ejercía ese control “a través del miedo”. “Amenaza con despedirte y constantemente te recuerda que estar trabajando para él es lo mejor que te ha pasado en la vida”, explica. “Vive recordándote cuáles son las reglas, qué puedes hacer y qué no”.
Esta extrabajadora describe un ambiente de tensión permanente: “Era un lugar incómodo”, señala, donde las trabajadoras estaban “en permanente modo alerta” e “irritables”. En su experiencia, el trato degradante era habitual: “Normalizaba el maltrato”. “Siempre estaba con miedo a qué hacer o qué decir”, relata.
Ambas mujeres coinciden en señalar que el control se extendía a todos los ámbitos de su vida cotidiana. “Amenazaba con despedirte por cualquier cosa”, dice una. La otra añade que el control alcanzaba incluso el ámbito personal: “Yo sabía que él iba a revisar mi teléfono”. “Siempre archivaba los chats u ocultaba las fotos”, explica, por miedo a represalias.
El impacto emocional fue profundo. “Caí en una depresión muy fuerte”, afirma la fisioterapeuta. La empleada doméstica relata que tras abandonar la casa no podía dejar de sentirse afectada. “Me utilizaron, me pisotearon, hicieron lo que quisieron conmigo”, asegura. “Yo me acuerdo de mí misma más atrás y me tengo lástima”.
Abusos sexuales
Además de la situación de control y vejación, ambas denuncian también abusos sexuales por parte del artista, especialmente cuando la mujer de este, Miranda Rijnsburger, no se encontraba en la vivienda: “Me usaba casi todas las noches. Me sentía como un objeto, como una esclava”, explica la empleada doméstica, quien cuenta que un día le preguntó: “¿Eres libre?”. “Luego me dice: ‘¿Vienes a mi habitación en la noche?’ Le digo que sí, pero no estoy pensando que es para tener sexo”. Tras la comida, una de las jefas se dirigió a ella: “Me dice: ‘Mira, es que él quiere que nos acostemos juntas hoy’. Yo le digo a ella que no lo voy a hacer, que estoy muy nerviosa y que no quiero hacer eso”. A lo que esta respondió: “Lo tienes que hacer, dijiste que sí”. Ya por la noche: “Ella me dice que, si yo quiero, me ponga la mano en la vulva para que ella no me toque. Y lo hago así. Fingimos”. Sin embargo, las cosas no habrían salido como planearon: “Yo, con muchísima vergüenza, no dejo que me toque mucho, siento que me toca y que no quiero. Él me quitaba la mano de la vulva, pero yo enseguida la ponía nuevamente”, cuenta, y relata que después se habría despertado en la habitación de él con resaca sin recordar nada de lo sucedido tras aquello.
Unos episodios que, según explica, sucedían con frecuencia por las noches: “Me cogía muy duro la vulva y me dolía mucho. […] Le decía ‘me molesta, no quiero’, pero él seguía igual. A veces también tenía que fingir porque le decía que no y él no escuchaba”. Y añade: “También en esos momentos me abofeteaba durísimo la cara, con muchísima fuerza, horrible”.
Asimismo, esta joven dice que era una de las encargadas de cuidarle cuando tenía dolores: “Me tuvo durante horas pasándole la lengua por el ano y chupándole el pito […] porque él sentía mucho dolor y eso lo calmaba. Pasé casi toda la madrugada chupándole sus partes. Cuando yo paraba o me quedaba dormida, él me jalaba la cabeza como para que siga”. Un testimonio que corrobora la fisioterapeuta: “Empezó a decir ‘anoche no dormí nada porque el calambre no me dejó, la pobre Rebeca y la encargada no durmieron nada, y Rebeca estuvo toda la noche chupándomela a ver si me daba sueño, pero qué va, no pude pegar ojo en toda la noche’. Yo le contestaba como si fuera broma. Él siempre hacía este tipo de comentarios y luego decía que era broma”.
La sanitaria, por su parte, también relata abusos: “Estábamos en la playa y él se acercaba y me tocaba los pezones”, dice. Y cuenta más escenas: “También me preguntaba, cuando estábamos en privado, si me gustaban los tríos, si me gustaban las mujeres y si era de mente abierta”. O empezaba otras conversaciones incómodas: “¿En qué momento te haces la pajita?”. Hasta que un día, de sorpresa, le metió “la lengua hasta las amígdalas”: “Debí haber notado que los abusos, tanto verbales como físicos y sexuales, eran reales y no solamente sucedían conmigo. Yo pude decir no y, hasta cierto punto, él respetó ese no. Pero hubo chicas que no pudieron decir no. Y él hizo lo que quiso con ellas”.
Fuente: Diario AS















