La información proporcionada por la inteligencia militar —con apoyo de agencias de Estados Unidos— permitió confirmar la presencia del capo en una propiedad rural el 20 y 21 de febrero, lo que facilitó planificar el operativo que terminó con su muerte en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
El general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de Defensa de México, explicó que un colaborador cercano a la pareja de El Mencho lo transportó hasta la cabaña donde se alojaba, y que una vez que la mujer se retiró, los servicios de inteligencia confirmaron que el líder criminal había permanecido en ese lugar con su círculo de seguridad. Sobre esa base, las fuerzas especiales organizaron maniobras por tierra y aire para cercarlo en el entorno boscoso del poblado, en un operativo que se anticipó para preservar el elemento sorpresa.
El enfrentamiento fue violento. Según las autoridades, luego de que las tropas cercaron la zona, El Mencho intentó escapar hacia un área boscosa junto a varios escoltas, en medio de un intercambio de disparos en el que se utilizaron armas de alto calibre. Herido durante la confrontación, el jefe del CJNG murió en el traslado hacia un centro médico, junto con al menos dos de sus acompañantes.
El seguimiento a la reunión con su pareja sentimental marcó un punto crítico de la operación: permitió saber con certeza que el capo se encontraba en un punto fijo y vulnerable, rompiendo años de evasión y frustrando múltiples intentos anteriores por capturarlo. La combinación de inteligencia humana, tecnología estratégica y cooperación internacional fue clave para llegar hasta ese lugar remoto de Jalisco y ejecutar la acción que puso fin a la vida de uno de los narcotraficantes más buscados del hemisferio.
La urgencia de esta operación se alinea con la postura que mantuvo el Departamento de Justicia de EE. UU. en los años previos. El Fiscal General Merrick Garland declaró enfáticamente que el CJNG, bajo el liderazgo de Oseguera, era responsable de inundar las comunidades con fentanilo letal. En sus comparecencias, Garland y la administradora de la DEA, Anne Milgram, reiteraron que desmantelar a esta organización era una prioridad absoluta para la seguridad nacional estadounidense, lo que explica la estrecha colaboración de inteligencia en este operativo final.














