El gobierno de Singapur anunció que a partir de 2027 los docentes podrán aplicar el castigo físico del azote a alumnos desde los nueve años como parte de una nueva estrategia contra el acoso escolar. La medida, presentada como un “último recurso” ante faltas graves, se enmarca en una política educativa que busca reforzar los límites mediante consecuencias calificadas como “firmes y significativas”. El enfoque, sin embargo, ha reabierto el debate internacional por el uso de la disciplina física en las escuelas y sus efectos sobre la salud mental y el desarrollo infantil.
De acuerdo con cifras citadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y publicadas en agosto de 2025, entre el 25% y el 50% de los niños del mundo experimentan castigos corporales en los entornos educativos. La OMS sostiene que “las consecuencias del castigo corporal a la infancia pueden durar toda la vida y socavar la salud física y mental, la educación, así como el funcionamiento social y laboral”. El organismo internacional afirma existir “evidencia científica abrumadora” sobre los riesgos vinculados a esta práctica y no reconoce ningún beneficio para menores, familias o sociedades.
Opción exclusiva para varones y en casos graves
El ministro de Educación Desmond Lee declaró ante el Parlamento que el uso del azote está autorizado únicamente cuando otras medidas disciplinarias han resultado “insuficientes”, en correspondencia con la gravedad de la conducta. Según Lee, los equipos directivos y docentes deben evaluar factores como la madurez del alumno y el potencial pedagógico del castigo para comunicar la gravedad de la falta. El ministro indicó ante los legisladores, según el medio CNN, que el procedimiento se rige por “estrictos protocolos para garantizar la seguridad del estudiante”: la aprobación recae exclusivamente en el director y la ejecución corresponde a profesionales habilitados.
La regulación oficial, disponible en el sitio web del Ministerio de Educación, establece que solo se permite el uso del látigo en varones, y únicamente frente a infracciones calificadas de graves. El texto indica: “El castigo físico es una opción disciplinaria solo para niños y se emplea como recurso final, estrictamente cuando sea absolutamente necesario”.














